El gran rival de Rafa Nadal
Pocos tenistas pueden plantar cara a Nadal si éste se encuentra en plenitud de condiciones. Sus mayores rivales son Federer, Djokovic, Murray y, ahora, Del Potro, un joven argentino de sólo 20 años, que ayer arrasó a Federer en la final de US Open. Pero el gran rival del tenista español no son estos geniales tenistas, sino él mismo, o lo que es lo mismo, las lesiones que sufre. Durante este año ha sufrido un calvario perdiendo por primera vez en Roland Garros, no disputando Wimbeldon y, casi con seguridad, se perderá la semifinal de la Davis. Pero todo empezó en el Masters de Madrid, igual que en su anterior lesión grave en octubre de 2005, durante el Masters series de Madrid dond
e empezó a sentir dolor en su pie izquierdo, pese a esto, remontó dos sets en abajo en la final contra el croata Ivan Ljubicic de manera antológica. Supo resistir al dolor en el pie y en la rodilla, sufrió durante más de tres horas a modo de sacrificio para disfrute de la afición española que llenaba el pabellón madrileño. Las consecuencias del esfuerzo fueron graves. Cuando entró en el vestuario y se quitó la venda protectora del pie, el doctor que lo atendía vio varias zonas afectadas. El dolor le había obligado a modificar la dinámica habitual de movimientos, por lo que había obligado en exceso a su pie y su rodilla, en algunas partes del pie la piel estaba desgarrada, tenía varias ampollas y en la parte lateral del pie derecho pequeñas manchas de sangre. El problema no fue jugar en Madrid, ya arrastraba molestias en 2005 y nadie había sido capaz de buscar una solución a sus problemas físicos. Rafa no sabía qué hacer, tenía muchas dudas. No veía la luz a sus problemas físicos.
Pero sin tiempo para meditar sobre este lastre físico, otro reto llamaba al ímpetu del mallorquín, la Copa Masters de Shangai, donde se reúnen los ocho mejores tenistas del mundo y, por primera vez, Rafa participaba. No quería perderse la ocasión de jugar allí. El dolor en el pie persistía, pero era soportable.
La presencia de Nadal despertó pasiones, era el jugador más buscado, por delante de Federer, un jugador más hermético y ensimismado, o Agassi, quien estaba dando los últimos raquetazos de su carrera. Todo estaba preparado para un torneo espectacular, único en el planeta. Los jugadores disponían de vestuarios personalizados con televisión, nevera, habitación para los masajes, etc. En el hotel Hilton toda la ropa estaba bordada con el nombre de los jugadores y en la puerta cada tenista disponía de un Mercedes con chofer para utilizarlo como quisiera.
Nadal llegó a Shangai, cumplió con el protocolo publicitario y se fue a entrenar, no se encontraba mal, pero cuando forzaba notaba un ligero dolor en el pie izquierdo, al poco rato notó que en el empeine le habían salido unos bultos. Rafa, pese a su capacidad de sacrificio y concentración, comenzó a desesperarse, no quería perderse su primer Masters con los siete mejores. Se le hicieron pruebas. Las molestias en el pie persistían. Seguía intentándolo. Quería medirse a los otros siete mejores tenistas del mundo. Hasta que Toni, su tío y entrenador, dijo basta, nos vamos a Manacor a solucionar la lesión y preparar la próxima temporada. A Nadal se le hundió el mundo, era el mayor disgusto desde que era tenista; pero hizo, como casi siempre, caso a su tío.
Pese a la Lesión, Rafa cumplió, ese 14 de noviembre de 2005, con su agenda de actos sociales. Una interminable cola de más de 500 metros le esperaba para pedirle un autógrafo y verlo de cerca. Cuando acabó con estos compromisos voló a Manacor.
Debía empezar de cero. Paciencia y tranquilidad para superar a su gran rival. Se apoyó en su familia, como siempre ha hecho, y en su tío Toni, quien le pidió esfuerzo y sacrificio para superar este trance. Toni ha construido una máquina con una fortaleza mental única en el tenis. Desde pequeño le inculcó la norma del trabajo, por la cual por muy bueno que fuese Nadal debía sacrificarse y no esperar sentado. Jugadores con las cualidades del Nadal con 12 ó 14 años en el mundo había muchos, la única forma de ser mejor que ellos era trabajar más y prestar más atención. Normalmente la gente justifica el rendimiento de Nadal hablando de sus bíceps, una bobada, ya que no golpea la bola excesivamente fuerte. Su trabajo se centró en el equilibrio en los apoyos, la capacidad de reacción, cambios de ritmo, de dirección… en sesiones de varias horas, un día sí y otro también.
Esta etapa de finales de 2005 y principio de 2006 fue la más dura en la carrera de Nadal. Requería espera y acierto médico. En Enero de 2006 viajó a Portland para buscar una solución, ahí le realizaron pruebas con los aparatos más sofisticados para conseguir unas zapatillas con plantillas que se adaptasen a su pisada y a sus movimientos. De vuelta a casa, Rafa esperaba con ansia las nuevas zapatillas, pero Nike envió un modelo que no servía. Qué desesperación.
Tras más estudios, la marca estadounidense decidió construir un calzado deportivo con una horma especial, vaciar las zapatillas, bajar su perfil y aumentar el talón para protege
r el pie. Dio resultado, la mayor preocupación había desaparecido, ya se podía concentrar en jugar al tenis. No jugó el Open de Australia, pero preparó el retorno más espectacular antes visto. Ganó en Dubai, Montecarlo, Barcelona, Roma, Roland Garros y finalista en Wimbledon. Posteriormente establecería un record desorbitado de 81 victorias consecutivas en tierra batida, ganaría dos Roland Garros más, la medalla de oro en los JJ. OO. de Pekín, desde ese día número 1 del mundo , el Open de Australia en 2009 y, lo más increíble, destronó a Federer como rey de la hierba londinense en Wimbledon en 2008. Hoy Nadal tiene el mismo problema que hace cuatro años. Lo que debe hacer es parar y recuperarse. Lo que nadie duda es que si vuelve en plenitud de facultades, la respuesta será mayor, el ansia de victoria volverá renovada y el vendaval arrasará de nuevo el tenis masculino.
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