Uno de los peores futbolistas de la historia
El dinero lo compra todo o casi todo. Con dinero puedes viajar al espacio, ponerte un tanga de diamantes o desayunar azafrán todas las mañanas. Pero hay cosas que no puede comprar, una de ellas es el talento. En el deporte abundan casos de niños mal nutridos que llegan a estrellas en su especialidad, típica proeza que se narra como ejemplo de superación y que da un hilo de esperanza a los deportistas que malviven en la miseria. Pero también hay casos en sentido opuesto
, uno de ellos es el de Saadi Gaddafi (Al-Saadi al-Gaddafi para los puristas), hijo del líder libio, no sé por qué dijo líder cuando quiero decir tirano, Muaamar al-Gaddafi. El chaval, harto de deambular por su país como yo por la terraza de mi piso, decidió hacerse futbolistas. Llegó a jugar en la Serie A italiana, lo que le faltaba al Calcio, en Perugia, Udinese y Sampdoria, entre 2003 y 2007. Hasta aquí no parece mala la carrera del delantero, pero es que en estos dos años sólo jugó dos partidos. Y protagonizó uno de los casos más patéticos de la historia del deporte mundial cuando dio positivo por tomar norandrosterona en un control contra el dopaje sin haber jugado un solo partido oficial con el Perugia. Algo lógico si tu preparador es Ben Johnson, una genialidad que repitió poco más tarde Maradona. Fue sancionado con tres meses de suspensión por el famoso CONI, lo mismo daba la duración. Finalmente llegó a disputar un partido con el Perugia y otro con el Udinense, en la Sampdoria vio los encuentros con las nalgas reposando sobre un asiento. Pese a este escaso palmarés, Saadi fue una celebridad deportiva en su país, Libia. Y es que el hijo del dictador convocó a Maradona en 1999 en su país para que fomentase el fútbol, espero que sólo eso, y un año más tarde se hizo hincha de Boca e invitó al Diego a su boda, otro cantamañanas que se acerca al sol que más calienta, cuando le llega la inspiración se acuerda de los más desfavorecidos de Argentina o le dice al Papa que venda el techo del Vaticano que es de oro para repartírselo a los pobres, pero cuando chocan dos neuronas en su cerebro se va a casamientos de hijos de dictadores multimillonarios. Siguiendo con Gaddafi, no puedo olvidar que sí jugó con la selección de su país, ¿alguien lo dudaba?, hubo un día que el entrenador de la selección de Libia, Francesco Scoglio, lo dejó en el banquilo durante la Copa de África… No hace
falta que diga cuál fue el destino del entrenador, a la puta calle. Y es que, ¿cómo se le ocurrió dejar al capitán y al hombre que más tarde sería presidente de la Federación de Fútbol de su país en el banquillo? Ahh!. Al fin Saadi tocó una copa, esta vez con la Juve, eso sí, para tal logró tuvo que hacerse accionista de la Vieja Señora.
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