LANCE ARMSTRONG
Su carrera más difícil y su victoria más increíble
2ª Parte.
Octubre de 1996. Lance Armstrong tenía veinticinco años, corría en el equipo Cofidis y le auguraban un gran futuro en el ciclismo; pero, desde haciá tiempo, algo no funcionaba bien en su cuerpo, y decidió acudir al médico. Padecía cáncer testicular. Le dieron menos del cuarenta por ciento de posibilidades de sobrevivir, algunos médicos concedieron esa probabilidad para que el ciclista no perdiera la esperanza.
Cuando se le hinchó un testículo, Lance a penas le dio importancia. Pensaba convivir con este problema. Siguió pedaleando duro, Creía que no había motivos para detenerse. Seguía compitiendo, pero las sensaciones no eran buenas. Un día, en el baño, escupió en el lavabo y de su boca salió sangre, volvió a escupir, y salió más sangre. Esa masa sanguinolenta, fue la principal advertencia de que algo no iba bien. Llamó a un médico de confianza para que fuese a su casa, pero no le habló del problema en su testículo y parte de la sangre ya no estaba en el lavabo. El médico pensó que era un problema de los senos nasales creado por la alergia al polen. Aquella noche a Lance le dolía tanto el testículo que no pudo ni sentarse. Al día siguiente, éste tenía el tamaño de una naranja. A Armstrong sólo se le ocurrió salir a entrenar. No pudo a penas sentarse en el sillín. A su vuelta, entró en razón y volvió a llamar al médico. El especialista cuando observó el tamaño del testículo no dio crédito, y mandó a Lance que se hiciera unas pruebas urgentemente. Algo no iba bien, pero no sólo en sus testículos. Las pruebas continuaron, examinaron todo el cuerpo del ciclista. El doctor Reeves tenía el diagnóstico: Cáncer testicular con una amplia metástasis en los pulmones, algo poco usual, unos 7000 casos anuales en EE.UU. A Lance Armstrong se le vino el mundo encima, tenía que decir a todo el planeta que tenía cáncer y que podía perder algo más que el deporte, podía perder la vida.
Aceptar la realidad. Lance debía olvidarse del ciclismo y luchar para vencer al cáncer. Para ello empezaría una gira visitando a los mejores especialistas y contrastando diferentes opiniones. La primera parada fue en Houston, donde le hablaron de la gravedad de su caso y de que ese era el mejor hospital para tratarlo. “Te voy a matar. Cada día que pase te mataré un poco, y luego te voy a hacer que resucites. Vamos a bombardearte con quimioterapia, una vez, y otra, y otra. Al final no podrás ni andar…” esta fue la primera advertencia en el Hospital de Houston. A pesar de ser una de las clínicas con más prestigio, Armstrong quería visitar a más especialista. El siguiente estaba en Indianápolis, donde incidieron en que las lesiones cerebrales podían complicar las cosas. La mejor opción era la cirugía. También mencionaron la posibilidad de volver a competir, algo que no había hecho nadie, a pesar de que las posibilidades de seguir con vida eran las mismas que las de tirar una moneda al aire, y elegir cara o cruz. Para salvar sus pulmones, en Indianápolis, le propusieron un tratamiento de quimioterapia basado en el platino llamado VIP, olvidando así a la bleomicina. Debía elegir entre varios hospitales, entre ellos los de Houston e Indianápolis. Finalmente se decidió por el hospital de la Universidad de Indiana, al frente el doctor Nichols. Quien ya estaba dispuesto a operar de las dos manchas en el cerebro, los cuales estaban en lugares complicados: una sobre la zona que controla la visión y la otra sobre un centro de coordinación, para luego seguir con la quimioterapia.
En Estados Unidos la sanidad es cara. Lance debía hacer cuentas, estaba dispuesto, incluso, a vender su casa.

Primera operación. Lance estuvo más de seis horas en el quirófano, para que le extirpasen las manchas del cerebro. Se examinó el tejido para ver qué tipo de cáncer era. Era tejido necrótico, es decir, las células estaban muertas. La cirugía había sido un éxito, habían eliminado las lesiones y no quedaban indicios de nuevas.
Otro aspecto importante era la relación con el mundo del ciclismo. Sus patrocinadores, Nike, Giro, Oakley y Milton-Bradley, afirmaron que no iban a dejar tirado a Lance, iban a pagar sus contratos, a pesar de no estar obligados. Noticia importante, debido que el ciclista dudaba de si iba a poder realmente hacer frente a los costes del tratamiento. El presidente de Oakley presionó al seguro de Armstrong, para que se hiciese cargo de los gastos, finalmente el seguro cubrió al ciclista.
Quimioterapia. “Era como si tuviera un río destructor cargado de contaminantes que me fuera comiendo desde dentro”, así ha expresado Armstrong lo que vivió cuando le daban quimioterapia. La cual tiene un efecto acumulativo y cada vez el paciente se suele sentir peor. Armstrong pasó por cuatro ciclos en espacio de tres meses. Vivía horas seguidas, casi todos los días, recibiendo quimioterapia. Cuando no estaban dándole quimioterapia, estaba enganchado a un suero de solución salina y un compuesto químico que protegía su sistema inmunológico. “La quimioterapia es como una muerte en vida, yaces en la cama, pierdes la noción del tiempo, amenaza con quitarte la independencia y la autodeterminación. A veces no puedes evitar las nauseas y piensas que estás a punto de desmayarte”, otra reflexión de Lance cuando estaba siendo tratado.
El tratamiento seguía su curso, le aparecieron manchas en la piel, fruto de las quemaduras que provoca la quimioterapia. Estaba en el tercer ciclo y no parecía el mismo. Vivía en un hospital, con el cuerpo encogido, y los músculos reducidos y flácidos. El pelo y las cejas le habían desaparecido. Su rostro era mortalmente pálido.
Su equipo, Cofidis de Francia, se había comprometido a respetar el contrato, Alain Bondue, director del equipo, viajó hasta Indiana para visitar a su promesa; pero al ver el aspecto moribundo de Lance decidieron renegociarlo, el contrato decía que los ciclistas debían pasar una revisión médica, obviamente Armstrong no estaba en condiciones de superar dicha prueba. Esto fue una terrible decepción para el ciclista. No era el mejor momento. Fue una traición. Al final Cofidis sólo pagó una tercera parte del contrato.
Armstrong estaba respondiendo bien al tratamiento, en su gráfico de indicadores tumorales se podía ver un claro descenso de estos. Ya sólo era cuestión de pasar a la cuarta y última fase, la más tóxica. Ahora ya podía regresar a Texas, recibir visitas, hacer un poco de ejercicio, todo ello entre ciclo y ciclo de quimioterapia. Llegó incluso a montar en bicicleta, no era lo más recomendable, recorriendo entre 50 y 80 kilómetros rodando a un ritmo muy lento, pero realizando un esfuerzo sobrehumano. Apenas disponía de glóbulos rojos y su nivel de hemoglobina era muy bajo.

La Fundación. A pesar de no estar recuperado, Lance quería ayudar a otros enfermos de cáncer, para ello empezó a pensar si era posible crear una fundación. Se reunió con amigos y el primer paso fue crear una carrera (la carrera de las Rosas) en Austin.
Después del último tratamiento de quimioterapia, debían quitarle el catéter con el que llevaba viviendo cuatro meses, por lo cual estaba adherido a la piel y fue muy complicado despegarlo. Tuvieron que arrancárselo del pecho, se oyó el desgarro, el dolor fue tremendo. Cada semana le sacaban sangre para ver la evolución. todo iba normal, los siguientes doce meses eran claves, ya que podía reaparecer la enfermedad.
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