viernes, 17 de abril de 2009

LANCE ARMSTRONG

Su carrera más difícil y su victoria más increíble

Tercera y última parte


Álvaro Fernández


Lance acabó el tratamiento con quimioterapia el 13 de diciembre de 1996, un mes después ya había creado su fundación contra el cáncer y concretado la celebración de la Carrera de las Rosas. Se disputó en marzo y fue un éxito, acudió gente de todo el mundo, destacando los dos mejores ciclistas, hasta el momento, de la historia: Miguel Induráin y Eddy Merckx.

1997. Por su cabeza rondaba la idea de volver a competir. Al final decidió volver, se podía reincorporar al Cofidis. Después de salir del hospital, acudió a una conferencia de prensa del equipo francés. Los directivos del equipo se sorprendieron al verlo, ya no era aquel moribundo que languidecía en una camilla en el hospital. Fue un mal trago para ellos, no contaban con el tejano. Lance les dijo que volvía, el equipo aceptó. Armstrong empezó a entrenar, pero no se sentía bien, cada pedalada era un calvario. El doctor Youngman le recomendó un año sabático. El ciclista lo entendió y admitió que posiblemente nunca volvería a competir al máximo nivel. Era demasiado duro para el cuerpo. Si hay un deporte exigente, ese es el ciclismo.

En cuanto a su vida personal, había roto con Lisa, la novia con quien pasó sus momentos más duros. Más tarde conoció a Kik y se enamoraron. A Lance le sorprendió que se pudiesen enamorar de él, cuando estaba calvo, sin cejas y lleno de cicatrices. Vivieron el año de 1997 alejados del mundo del ciclismo. Estuvieron viajando, pasaron unos días en San Sebastián y acudieron a Pamplona, en pleno San Fermín, pasaron toda la noche de fiesta y vieron el encierro por la mañana.

Al final del verano, Armstrong había recuperado su aspecto anterior a padecer la enfermedad; pero sufría grandes dolores en el pecho, y sudaba en exceso. El año iba pasando, y Lance no sabía qué decisión tomar, sin el ciclismo se sentía vacio; pero tenía miedo a recaer en la enfermedad. Chris Carmichael hacia todo lo posible para que volviese a competir. Armstrong decidió probar suerte, volvía al ciclismo. Antes de la enfermedad pesaba 65 kilos, ¡ahora sólo 59! Tenía un nuevo cuerpo. Era diferente. Bill, Hombre de confianza de Armstrong, se reunió con el Cofidis, a petición del equipo galo. Estos hicieron saber que no ejercían el derecho de renovación del contrato. Bill les rogó para que dejasen competir a Lance, sólo tenían que pagar una pequeña cantidad. El equipo cedió y ofreció 180 000 dólares, más incentivos; pero pesaba mucho el plantón en el hospital. Bill tenía un plan, convocó a los periodistas, y dijo que Lance iba en serio, y que estaba disponible; nadie llamó. Siguieron buscando equipo. El tiempo se acababa. Ya pesaba más la idea de desistir y volverse a casa. Había una posibilidad, un equipo norteamericano de nueva creación, el U.S. Postal. Lance tenía que tomar una decisión. Descartó al Cofidis, porque pesó demasiado el resentimiento, el único equipo al que podía ir era el U.S. Postal; pero, por otra parte, estaba su seguro del cual cobraba 20 000 dólares mensuales durante cinco años. La aseguradora Lloyds informó que cancelaría el seguro si volvía a competir. ¿Valía la pena arriesgar un millón y medio de dólares libres de impuestos por volver a competir, tras haber estado a punto de morir?

Nueva vida. Lance Armstrong firmó con U.S. Postal. En Enero se mudó a Europa. Siguió un estricto plan de entrenamiento. Quería casarse en Mayo. Tras un largo invierno, llegó la primera carrera después de dieciocho meses: la Ruta del Sol. Terminó decimocuarto, y la prensa montó un enorme alboroto. Dos semanas después participó en la París-Niza, no pudo acabar la carrera, todos pensaron que estaba acabado. Lance también lo pensó. Se volvió para casa. Quería dejarlo para siempre. Y así fue. Lo dejó todo, Kik, su novia, que ya tenía una nueva vida en Europa, lo acompañó en su regreso a Austin. Bill no daba crédito, hacia todo lo posible para que su amigo volviese a competir. “Serás el tío que tuvo cáncer y no volvió a competir, así pasarás a la historia”, le espeto Bill a Lance con el objetivo de que cambiase de opinión. Le dijo que corriese el Campeonato de Estados Unidos. Todo era una estrategia para que no colgase la bici definitivamente. Lance accedió a participar. Sus amigos conspiraban contra él, para que no dejase el ciclismo. Volvió a entrenar duro, a dedicarse exclusivamente al deporte. Se casó en mayo. Terminó cuarto en los campeonatos de su país. Decidió volver a Europa. Participó en el Tour de Luxemburgo, y ganó. En el Tour de Holanda fue cuarto. En julio, en pleno Tour, hizo de comentarista para una televisión, y contempló desde el arcén la carrera más traumática de la historia. Aquella de los registros de la policía, la de los ciclistas sentados sobre el asfalto. El Tour de Pantani. Su única grande ese año fue la Vuelta, donde sorprendentemente acabó cuarto, a poco más de dos minutos del ganador, Abraham Olano. La sorpresa fue mundial, no había subido al podio por sólo seis segundos. Se podía considerar a Lance un corredor de grandes vueltas. Su director, Johan Bruyneel, le propuso para la siguiente temporada, la posibilidad de correr el Tour.

Lance quería ganar el Tour. También quería tener un hijo, pero era estéril. Kik necesitaría una fecundación in vitro con el esperma que Armstrong había donado antes de la operación. Tras diversas pruebas, kik logró quedarse embarazada.

El año del milagro. Hizo la pretemporada de 1999 como nunca antes. Estrictos planes de entrenamiento, con una dieta cuidada al extremo, llegó a pesar en una báscula los gramos de alimentos que ingería. Pruebas en el túnel del viento y en maquinas que medían su potencia. Llegó el inicio de la temporada y se mudó a Europa. La primera carrera, la Vuelta a Valencia, fue un fracaso, se cayó y estuvo a punto de romperse el hombro. Se tomó dos semanas de descanso. El objetivo era el Tour. Se entrenó en los Pirineos y en los Alpes, para sorpresa de todos, excepto para Bruyneel que era quien dirigía los entrenamientos. Era una apuesta arriesgada. Toda la temporada era el Tour. Todo eran cálculos relacionando el peso del ciclista con la potencia que desarrollaba en cada entrenamiento. En un hotel se encontró con Induráin quien le preguntó, qué estaba haciendo, Lance le respondió que estaba prepararando el Tour, el campeón navarro se sorprendió mucho.

A finales de abril volvió a competir. Corrió la Amstel Gold Race, quedó segundo en un apretado sprint con Boogerd. Siguió entrenando más que nadie, especialmente en montaña. Participó en alguna carrera más. Y por fin julio, empezaba el Tour.

Armstrong estaba obsesionado con el más mínimo detalle. Antes de empezar la carrera, alguien pregunto a Induráin por su favorito para ganar la ronda gala, éste, para sorpresa general, respondió: Armstrong. El Tour comenzó con un prólogo, el mejor tiempo lo tenía Zulle con 8:07, segundo era Olano con 8:11. Era el turno del norteamericano, quien rodó sin referencias, en un prólogo tan corto sólo vale pedalear. Cruzo la línea de meta y el tiempo era 8:02. No podía ser. Por primera vez en su vida se iba a vestir con el mallot amarillo. En el Cofidis sólo había miradas de incredulidad.

Llegaron las etapas llanas, en las que conviene estar en cabeza del pelotón. Zulle, en honor a su desgracia, se cayó y perdió 6 minutos, lo mismo pasó con Boogerd. Durante las diez primeras etapas no sucedió nada significativo, Armstrong entre los primeros y algunos rivales descartados a la victoria final por culpa de las caídas.

Con la primera contrarreloj llegaba el primer test donde los favoritos se medirían cara a cara. Zulle iba marcando los mejores tiempos. Olano se había caído. Salió Armstrong demasiado fuerte, volaba. En el tercer control sacó a Zulle un minuto y cuarenta segundos. Delante de él estaba Olano, nunca nadie había doblado al guipuzcoano, Lance lo pasó como un misil, no le pudo seguir la estela. La cadencia era de cien pedaladas por minuto. Un niño estuvo a punto de derribarlo. Se estaba cargando el Tour. Dobló a Steels. Pero el ácido láctico cada vez era mayor en sus piernas. Había hecho demasiado esfuerzo. Lo estaba pagando. Tenía el viento en contra. Se le estaba haciendo demasiada larga la crono. Cruzó la línea de meta con una ventaja de cincuenta y ocho segundos sobre Zulle. No podía ni andar.

Sestriere acogió la primera etapa alpina. Faltaban ocho kilómetros para llegar a meta, por delante iba un grupo con treinta y dos segundos de ventaja, entre ellos Zulle. Llegó el momento de atacar, Lance se despegó de su grupo, cogió a Escartín a quien también dejo atrás, la siguiente víctima fue Gotti, a quien también descolgó. Subía como nunca, con un nuevo estilo, casi siempre de pie y pedaleando casi de puntillas. Cruzó la línea de meta con las manos en la cara, no se lo creía. Era líder con seis minutos de ventaja sobre el segundo, Olano.

La siguiente etapa era la de Alpe d´Huez. Ganó Guerini, fuese día que se chocó con un espectador cuando el aficionado intentaba sacarle una foto. Comenzaron las sospechas de dopaje, pero los resultados en los controles eran negativos. El U.S. Postal estaba ayudando bien a su líder en la carrera.

Llegaron a los Pirineos. La primera etapa allí terminaba en Piau-Engaly. Escartín atacó de muy lejos, recordando a los escaladores del pasado, el U.S. Postal no podía cogerlo. Tenía más de dos minutos de ventaja. La imagen del español era agónica, pocas veces se había visto esa cara de sufrimiento en un ciclista. En la penúltima subida, Armstrong se fue en solitario a por él. En la última subida al tejano le fallaron las fuerzas. Escartín ganó a la heroica una etapa histórica y se colocaba segundo de la general, a 6:19. En los pirineos pasaron las etapas y nadie pudo reducir su distancia en la general. Él se limitó a controlar a los rivales.

En la última contrarreloj, celebrada en Futuroscope, Lance quería ganar pero sin arriesgar. Lo hizo, con nueve segundos de ventaja sobre Zulle. Ya sólo quedaba la última etapa, llegar a París.

Armstrong cruzó la meta de París, era el ganador más sorprendente de la historia. Su sueño se había hecho realidad, era tangible. Estaba abrumado, alucinado. El mundo estaba sorprendido, especialmente el director del equipo Cofidis. En EE.UU. se desató la locura, Lance tuvo que dar una conferencia de prensa en Nueva York, en Niketown, a la que acudieron el alcalde y Donald Trump, salió en el show de David Letterman, tocó la campana en Wall Street…

Su otro gran triunfo fue ver nacer a su hijo, Luke David Armstrong. Después de todo esto, Armstrong siguió corriendo. Se convirtió en el mejor ciclista del siglo XXI, y dejo un record, tal vez, inalcanzable: ganar siete veces de manera consecutiva el Tour de Francia. Su legado sigue vivo encarnado en su fundación que lucha contra el cáncer. Para siempre queda su afán de superación y el haber mostrado al mundo que se puede derrotar al cáncer y seguir con una vida normal.

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