jueves, 8 de enero de 2009

Cuando calla una afición


El Santiago Bernabéu es diferente. No es, ni de lejos, el estadio más bonito del mundo, ni el más moderno, ni el que posee mayor capacidad, ni el que tiene los mejores accesos, ni el que tiene la mejor afición…Cualquiera diría que me estoy refiriendo al coliseo del mejor equipo del mundo.

A pesar de tanto inconveniente, el campo del Real Madrid infunde respeto, mucho respeto. Hay gente que viaja de lugares recónditos para visitar el estadio y salen maravillados. En el césped, con el campo vacío, se respira tranquilidad; pero si cierras los ojos, puedes oler el sudor de los gladiadores y del césped recién regado, escuchar el pitido del árbitro dando inicio a un nuevo desafío, las voces de miles de aficionados coreando nombres de leyenda, incluso el leve sonido del balón rodando por la hierba. El Santiago Bernabéu es un lugar de culto y la meca de todo aficionado al Real Madrid.

La afición es muy culpable, culpable de que el Bernabéu sea único y diferente. Durante los partidos el estadio queda mudo, nadie canta letras pegadizas y canciones de tiempos pasados o presentes. Ligeros murmullos se ocasionan cuando un jugador logra un pase imposible o cuando se produce una jugada de ensueño. Gracias a este silencio sepulcral, podíamos escuchar el oooh del graderío cuando el mago Zidane realizaba esos controles de balón como sólo él ha sabido hacer, cual bailarín de danza artística, o cuando nuestro viejo amigo Gravesen se acercaba enloquecido a los jugadores contrarios, y tras esquivar la entrada, los aficionados gritaban sonrientes un uuuy.

Pero en el estadio más afónico del mundo hay una excepción. Detrás de la portería, un grupo reducido de forofos anima incondicionalmente al equipo. No voy a entrar en más detalles, es un grupo de nula reputación y honestidad, eso sí, que forma un contraste idílico con el silencio del estadio.

No hay que convencer a nadie, el estadio es sublime y único; nadie puede recriminar nada, no se puede y no se debe cambiar. Cuando el Bernabéu se pronuncia se dicta sentencia, tanto para crucificar a un jugador como para elevarlo a categoría de leyenda viva. Créanme cuando digo que si un estadio se puede calificar, el Bernabéu estará siempre un rango por encima de cualquier valoración.

1 comentario:

Álvaro Fernández dijo...

Buaaggg!!! Qué tufo madridista.

Reconozco que la forma del Bernabéu impresiona por si verticalidad, si bien, a veces, la afición parece que está más en un teatro o en una plaza de toros que en un campo de fútbol.

Nadie puede dudar que el público del Bernabéu entiende de fútbol. Creo que Junto San Mames y el Nou Camp es donde la gente juzga con mejor criterio cuando alguien lo ha hecho bien o mal.

El grupo de irreductibles de detrás de la portería, no pasan de ser un grupo pseudofascista que cuyo último logro fue comportarse como matones en la Asamblea del Real Madrid celebrada en diciembre. Es gente que sobra en el fútbol. Se puede animar si ser un ultra.