martes, 18 de noviembre de 2008

LA MALA EDUCACIÓN

Los alumnos del Máster tuvimos el privilegio de acudir con pase de prensa a uno de los campos de fútbol más importantes y legendarios del mundo: el Santiago Bernabéu. Y contemplar como un equipo humilde, que no viaja en avión propio si en autobús y cuya prima por lograr una hazaña histórica es 1000 euros, lejos de la millonada que cobra cualquier suplente del Madrid, le daba una lección de juego, orden, seriedad y profesionalidad a un equipo con 9 Copas de Europa.

Uno de los principales culpables de que esto se produjera es el entrenador del R. Madrid. Un hombre que no sabe encajar las derrotas y cuya chulería y prepotencia roza lo inadmisible. Es difícil entender por qué estuvo todo el partido sentado en el banquillo mientras su ayudante se desvivía por intentar ganar la eliminatoria; pero lo más patético y bochornoso llegó en la rueda de prensa. Para mí era como la primera vez, nunca había estado en la zona de prensa del Bernabéu y me sentía como un niño con zapatos nuevos en época de escasez. Esperaba las opiniones de los dos entrenadores con ansia, para así poder ver las dos caras de la moneda. Iñaki Alonso estuvo correcto, algo emocionado como el lógico; pero siempre con los pies en la tierra, dando una lección de saber estar. Llegó el turno de Schuster y después de una interminable espera, especialmente para los que trabajan en periódicos, por eso de cerrar la edición, apareció la figura de un entrenador con cara de mártir, como quien va al paredón pidiendo perdón a sus futuros ejecutores. Luego fue todo lo contrario. No se disculpó por la tardanza, dio la enhorabuena al Real Unión y apareció el Schuster de las derrotas: chulo, arrogante, despreocupado y despreciando a los periodistas. Alguien le preguntó por su futuro, a lo que el alemán respondió: “no estoy preocupado por mi continuidad, entiendo que otros si lo estén”. La siguiente pregunta era lógica y fue acerca de quién estaba preocupado por su continuidad, a lo que el míster madridista respondió con un silencio y una mirada desafiante; como si la culpa fuese del periodista por preguntar. No respondió, ni dio las gracias ni las buenas noches, se levantó y se fue. Con esta actitud infantil y de niño mimado está cavando su propio agujero.

El entrenador del Real Madrid, ese equipo que presume de ser el mejor de la historia, es la imagen del club y el vestuario en el mundo y es el responsable del juego de su equipo. No sólo debe tener conocimientos futbolísticos sino que a su vez debe de ser un ejemplo de cordura, civismo y profesionalidad ya que es el espejo y ejemplo a seguir para muchos jóvenes entrenadores e incluso niños.

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